domingo, 14 de febrero de 2010

Reflexión en el Día Internacional del cáncer infantil

Cuando fallece el marido de una mujer, ella se convierte en viuda; cuando muere la esposa de un hombre, él se convierte en viudo; cuando un niño pierde a sus padres, se convierte en huérfano; pero ¿cómo son llamados los padres que pierden a un hijo?

El 15 de febrero (mañana) se celebra el Día Internacional del Niño con Cáncer, establecido por la Confederación Internacional de Organizaciones de Padres de Niños con Cáncer (ICCCPO por sus siglas en inglés), integrada por organizaciones de 73 países. Esta fecha motiva a una reflexión...

Cuando yo estaba en el colegio, el único cáncer que pensaba que podía darle a los niños era la leucemia; más tarde, muy a mi pesar, conocería una triste realidad: los llamados cánceres de la niñez, como el temible neuroblastoma cuya recaída todavía no tiene curación o el espantoso DIPG (Diffuse Intrinsic Pontine Glioma - glioma protuberancial intrínseco difuso), que es un tumor de cerebro inoperable con un diagnóstico muy pobre de supervivencia a largo plazo.

Muchísimos bebés, niños y adolescentes son víctimas de cáncer. Lo peor de todo es que muchos de ellos mueren después de experimentar dolorosos tratamientos y sufrir la pérdida de habilidades.

“Raquel perdió la capacidad de reír, sonreír, masticar, saborear, caminar, sentarse y mantener la cabeza erguida. Ella estaba casi ciega. Perdió todas sus capacidades, pero, sin embargo, su inteligencia se mantuvo intacta hasta el final”, cuenta Jenny, quien perdió a su hija de seis años, víctima de un tumor cerebral maligno inoperable.

Pero no todos los cánceres tienen el devastador pronóstico de incurable. En los países desarrollados la tasa de curación del cáncer infantil es cercana al 80%.

Desgraciadamente, esa tasa de curación desciende a menos del 20% en los países más pobres del mundo, en donde la información, el diagnóstico precoz y el acceso a los medicamentos y tratamientos es a menudo difícil.

A diferencia de los adultos, en los que la obesidad, el consumo de tabaco y la inactividad física, son causas conocidas y prevenibles, el cáncer en la infancia y adolescencia aún no se entienden bien por lo que se dificulta su prevención.

Las causas reconocidas son factores genéticos, así como la exposición a radiaciones. Sin embargo, siempre resulta muy importante el control médico periódico y estar atentos a los síntomas o señales persistentes y poco usuales que los menores puedan presentar como inflamaciones inusuales, palidez y pérdida de energía inexplicables, dolores de cabeza frecuentes, tendencia súbita a los hematomas, cambios repentinos en los ojos, cojera prolongada sin razón y pérdida de peso en forma rápida y excesiva, entre otros.

¿CÓMO AYUDAR?

Si te preguntas cómo puedes ayudar a un niño con cáncer o a cualquiera que sufra esta enfermedad, debes saber que no todo es dinero. Usualmente los pacientes requieren de muchas transfusiones sanguíneas, así que una manera de colaborar es donando sangre (glóbulos rojos y plaquetas), porque donar sangre es donar vida.

Otros requieren de trasplantes de médula ósea y para ello te puedes inscribir en el registro de donantes de médula de un hospital especializado (si vives fuera del Perú). Lamentablemente, en el país solamente se realizan trasplantes emparentados, porque no existen aún bancos de médula, lo que disminuye las opciones.

Si estás esperando un bebé y tienes los medios económicos para almacenar la sangre de su cordón umbilical en una clínica, no dudes en hacerlo. Podrías utilizarlo en el futuro o donarlo, pues en la actualidad se emplea con éxito para tratar algunos cánceres y diferentes enfermedades que afectan a la sangre como la anemia de Fanconi.

Pero también puedes contribuir con alguna fundación sin fines de lucro como la Casa Hogar Beato Padre Enrique Rebuschini, que nació en el 2006 al ver que muchos pacientes de escasos recursos económicos del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), provenientes del interior del país y sin parientes en la capital, dormían en las calles aledañas y pasillos de este centro médico ubicado en Surquillo (Lima), exponiéndose a las inclemencias de la naturaleza y acentuando su deteriorada salud.

La Casa Hogar, que proporciona gratuitamente albergue temporal, alimentación y asesoramiento a los pacientes de extrema pobreza, subsiste gracias a donaciones de gente de buena voluntad. ¿Cómo puedes colaborar? Donando ropa, víveres o medicinas oncológicas.

Pero también puedes brindar tu ayuda directa con un día de voluntariado en el local de la Casa Hogar, ubicada en la urbanización La Calera, calle Ghiberti 151, Surquillo. Teléfonos: 260-9683 y 273-4056. Y si cuentas con recursos económicos puedes contribuir con un donativo.

REFLEXIÓN FINAL

Y respondiendo a la pregunta planteada al comienzo, el dolor que se siente al perder un hijo no tiene nombre, porque es tan grande que no puede ser descrito con palabras, es un dolor que no puedo entender porque no lo he experimentado. ¿Qué es lo peor que podría pasarle a uno? No creo que haya algo peor que ver morir a un hijo. Simplemente es antinatural que los padres tengan que enterrar a sus hijos.

Los padres anhelan ver a sus hijos crecer y convertirse en buenos adultos, esperan morir y dejar a sus hijos detrás, es el curso natural de los acontecimientos de la vida. La pérdida de un hijo es la pérdida de la inocencia. Hay un dicho que dice: "Cuando muere un padre, usted pierde su pasado; cuando un niño muere, usted pierde su futuro". Por eso contribuyamos a la lucha contra el cáncer infantil.

P. D.

Las imágenes que acompañan estas líneas pertenecen a la fotógrafa Renée C. Byer que en el 2007 fue reconocida con el premio Pulitzer al mejor reportaje fotográfico, al retratar la historia de una madre soltera y la lucha contra el neuroblastoma de su hijo Derek, quien falleció a los 11 años de edad. Las emotivas y a la vez descarnadas fotografías de Byer sirvieron para ilustrar una serie de cuatro artículos que narraron esta batalla de 11 meses contra el cáncer.









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